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Buscar el hilo de la historia de un director de cine desaparecido te puede llevar lejos y te puede llevar tiempo. Cynthia Sabat conoció el cine de Raymundo Glayzer y se sintió interpelada de tal manera que desde ese momento se dedicó a saber todo lo que era necesario saber sobre el cineasta y sobre el el grupo de gente que formó Cine de Base. Lo de Cynthia fue una auténtica travesía que merece ser contada y vista y leída ya que el arduo trabajo se extendió a lo largo de los años, implicó un par de viajes a Nueva York y tomó diferentes formatos. Desde un blog, el documental Fuego eterno hasta la edición del libro “Compañero Raymundo”.

DSCN0996¿Cómo llegaste a Raymundo Gleyzer?
Gracias a una proyección en un cine club de barrio, vi La tierra quema y Ocurrido en Hualfín y quedé fascinada por esas imágenes, por la crudeza de su retrato del hambre y el desamparo de esas vidas. A partir de ahí, busqué saber quien era ese director casi desconocido.

Ahí no sabías su historia ni la del Cine de Base.
No, fue hace como 25 años, la época del VHS. Yo tenía 20 y nunca me habían hablado de él. No tenía idea de nada, había terminado el secundario y estaba estudiando para maestra jardinera y filosofía.

Esas películas que te intrigaron fueron el puntapié inicial.
Empecé a buscar más películas, mis amigos cinéfilos y poetas me prestaron algunas y fui descubriéndolo, con mucha ingenuidad, porque en el secundario privado en el que estudié nunca me contaron que hubo una dictadura ni que habían hecho desaparecido gente….

¿Y tu familia se enteró del giro?
Es que en mi familia no se hablaba del tema, no tuve nunca una relación con el tema por un pariente o amigo. Mi familia vivió la dictadura como una típica familia de clase media apolítica o que intuía que había violencia pero nunca le tocó de cerca.

¿Qué fue lo primero que supiste sobre Raymundo Gleyzer, más allá de aquellas películas y por donde empezaste a investigar?
Lo primero que supe fue que eran un desaparecido. Eso es muy fuerte y ni hablar en los noventa donde no había ni un atisbo de búsqueda de la verdad. Gleyzer seguía siendo clandestino, ver películas de Gleyzer o buscar información sobre él, porque no había. Escribí unas notas en la web que tenia Cineindependiente.com.ar y un día me llegó un mail de una tal Juana Sapire agradeciéndome las nota. Era la mujer de Gleyzer, yo no sabía si estaba viva ni dónde. Y resultó que estaba en Nueva York.

13441541_1113600588698248_403186063_o¿Y cómo se conocen?
Me agregó a Facebook, nos conectamos vía Skype, y nos hicimos amigas virtuales, claro. Un día me dijo que la Justicia le había mandado el pasaje para venir a declarar a Comodoro Py por la desaparición de Raymundo y me pidió quedarse en mi casa, no quería ir a un hotel. Así que yo la invité a casa y la acompañé a declarar. Fue muy fuerte.

¿Ya sabías que ibas a filmar algo y a ampliar tu investigación?
Me acuerdo que cuando vino a BA pensé “tengo que prender la cámara”. Me había comprado una Mini DV en esas ofertas de navidad. Cuando llegó el día íbamos en el taxi le pedí permiso y prendí la cámara, pensé que debía compartir ese momento. Después me puse a llorar y ya no pude filmar, me dio pudor

¿Qué idea tenías del cine en la primera visión de ese cine y cuál cuando acompañaste a Juana?
Cuando tuve ese primer encuentro fue muy intuitivo, no sabía nada de cine. En el medio estudié filosofía, televisión, me sumergí en el cine, mientras tanto Fernando Martín Peña y Carlos Vallina publicaron “El cine quema” y Virna Molina y Ernesto Molina estrenaron Raymundo.

Y sin embargo sentiste que te faltaba contarlo.
Si, Juana me propuso escribir con ella un libro que siempre había soñado, desde su punto de vista. La instancia de Justicia habría un nuevo panorama. Nunca se había contado qué pasó tras la desaparición de Raymundo, las historias terminaban ahí. Yo quería continuar la historia y Juana me daba esa posibilidad, de reconstruir el exilio.

thumbnail_MEXICO 1¿Qué descubriste en esta nueva instancia acerca de Gleyzer?
Intenté reconstruir el exilio de todo el grupo Cine de la Base y también la búsqueda desesperada de Raymundo con vida, que se hizo desde Estados Unidos encabezada por Bill Susman, su amigo y productor. Su hija, Susan, es abogada y aportó a la causa El Vesubio y después al libro, una carpeta con documentos importantes sobre esa búsqueda. Otro aporte fue el trabajo de archivo que pude hacer en mis dos viajes a Nueva York. Juana tiene un archivo impresionante en su casa, y yo estuve con ella conviviendo tres meses en 2011 y dos meses en 2014, revisando y clasificando muchos papeles, cartas, contratos, guiones, facturas de laboratorio, recortes periodísticos. Eso me permitió reconstruir su vida, sus viajes, sus películas, sus problemas con la censura. Me permitió conocerlo mucho más. Y decidí hacer una selección y transcribirlos en forma íntegra.

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