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"Human Flow" participará de próxima edición del Festival de Venecia.

Luego de que se anunciara que su película Human Flow tendrá su premiere mundial en la 74ª edición de la Mostra de Venecia, que comienza el próximo 30 de agosto en la isla del Lido, el artista y activista chino Ai Weiwei -una de las figuras más célebres de la actual escena artística internacional-, pasó de manera fugaz por la Argentina y brindó algunos detalles de su documental sobre la crisis de los refugiados y también sobre la exposición artística que lo tendrá por protagonista a partir del 18 de noviembre en la Fundación Proa del barrio de La Boca.

Human Flow está en la competencia oficial del Festival de Venecia. Una vez más, mi nombre ha sido omitido de todos los medios de comunicación chinos. Triste”, fue lo primero que posteó en Instagram, días atrás, este irreverente artista adicto a las redes sociales -basta dar un vistazo a sus cuentas para ver en dónde anda y qué hace-, casi como una gesto de burla a las autoridades de su país que han llegado a instalar micrófonos y cámaras alrededor de su casa y su taller de Beijing para vigilar cada uno de sus movimientos.

Desenfadado e impactante, Weiwei (Beijing, 1957) expuso en los museos más importantes del mundo, fue declarado por la revista Art Review como la persona más poderosa del mundo del arte en una lista de cien personalidades y diseñó el Estadio Nacional de Pekín, conocido como Nido de Pájaro, uno de los escenarios centrales de los Juegos Olímpicos de 2008 de China, aunque esto ocurrió antes de enemistarse con el gobierno de su país.

En 2011 pasó 81 días arrestado sin cargos oficiales. Luego fue liberado y acusado de evadir impuestos y finalmente, su pasaporte fue retenido por cuatro años por las autoridades chinas. Ni bien recuperó su pasaporte, en 2015, lo posteó en Instagram y luego de eso, no paró de viajar. “Voy a visitar diez países en los próximos dos meses”, dice ahora el artista en una conferencia de prensa en Buenos Aires, mientras saca su celular y postea en su cuenta la imagen de decenas de periodistas y fotógrafos que lo miran -los que luego le pedirán una selfie-, casi como un rockstar.

Las obras de Weiwei son impactantes y no pasan desapercibidas: uno de sus más célebres autorretratos, una serie de tres fotografías, lo muestran en la primera escena sosteniendo un jarrón de la dinastía Han de 2.000 años de antiguedad; en la segunda soltando la pieza; y en la tercera mirando a cámara con cara de póker detrás del jarrón hecho trizas en el piso. Una vasija valiosísima hecha pedazos y una alusión a “la autenticidad y el valor de las obras de arte originales”.
En otra fotografía más reciente, recreó la misma posición -en el mismo sitio- del niño sirio Aylan Kurdi, quien apareció muerto en una playa turca, impactante fotografía que instaló de manera definitiva el tema de los refugiados en la agenda mediática internacional.
Pero sus obras recorren todo tipo de soportes, de fotografías a esculturas, y de instalaciones a documentales. “Decidí involucrarme y por eso hice esta película. Y uno se involucra emocionalmente… siento que estoy tan apegado a esa gente que está en una situación desesperante… Perdieron todo, vienen a una tierra donde quieren ser felices, atraviesan tantos peligros, pierden su vida ahogados. Pude ver, desde la playa de la isla de Lesbos, 20 o 30 barcos que llegaban cada noche, a esa gente desesperada, y me dije: ¿Qué puedo hacer? No puedo darles ni un té, no puedo hacer nada por ellos. Ningún estado europeo los está ayudando y comencé a hacer este documental”, cuenta Weiwei durante la conferencia.

Irónicamente, si bien el nombre de Ai Weiwei no ofrece resultados en los buscadores más populares de China -similares a Google- una rápida búsqueda en Youtube permite descubrir decenas de documentales que se han filmado sobre su obra y su vida, desde Never Sorry hasta Sin miedo ni amparo, por mencionar algunos, pero ésta vez es el reconocido artista chino quien decide situarse detrás de cámara para dar su visión de los refugiados.

Human Flow recoge diferentes voces y testimonios a través de 22 países diferentes: Afganistán, Bangladesh, Francia, Grecia, Alemania, Hungría, Irak, Israel, Italia, Jordania, Kenia, Líbano, Macedonia, Malasia, México, Pakistán, Palestina, Serbia, Suiza, Siria, Tailandia y Turquía.

El artista chino visitó fugazmente Buenos Aires.

“Esta película me dio el panorama completo de un refugiado y cuál es su futuro. Esta es mi visión de los refugiados”, recalca.

Weiwei exhibirá en Buenos Aires, desde el 18 de noviembre, una exposición antológica con algunas de sus más célebres obras, entre ellas, una adaptación local de Semillas de girasol (“Sunflower Seeds”), instalación presentada por primera vez en 2010, en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres. Se trata de cien millones de semillas de girasoles, cada una de ellas realizadas en porcelana y pintadas a mano por miles de artesanos chinos, labor que demandó dos años y medio. Aparentemente idénticas, pero únicas cada una, las semillas funcionan como una alusión al consumo masivo y a la producción industrial que caracteriza a su país.

Además, Weiwei realizará en Buenos Aires una obra site specific, un término del mundo del arte para referirse a un trabajo diseñado específicamente para un lugar, tomando las condiciones de ese contexto.

“Tengo que involucrarme sentimentalmente para entender la historia y las tradiciones. Y eso lleva tiempo. Este es mi primer viaje a la región, solo había estado en México dos veces antes. Entonces ahora estoy involucrándome, aprendiendo, voy a pasar también por Chile y Brasil. Y eso me va a dar una visión más completa de la región. Aún no sé qué va a surgir. Lo estamos planificando. Es difícil responder qué parte de la cultura local se va a ver reflejada en la exposición”, dijo el chino, sembrando misterio y expectativa sobre la obra site specific que integrará la exposición local. Luego de verse en Buenos Aires, esta misma muestra viajará al Centro Cultural Banco de Brasil (CCBB) de Río de Janeiro, el museo más visitado del vecino país.
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